
En la lejanía del Pacífico, se puede vislumbrar en su inmensidad la ciudad flotante de SERNA. Parece una bella ciudad surgida de un sueño, de un cuento de hadas. Enclavada en la cumbre del cielo, parece balancearse tímidamente como un columpio. Las calles se estrechan y ensanchan con el sonido de las voces. Las casas de color cereza se abren y cierran con las risas de los niños. Todas ellas se encuentran colgadas de los árboles, los cuales a su vez surgen inmersos de las profundidades de un pequeño océano.
En SERNA hay un bullicio de voces, colores y sonidos. Una multitud de niños que juegan a llamarse por su nombre y descubren la verdadera identidad de las cosas. Hombres que avanzan por el asfalto acuoso, reinventando cada día su propia historia. Mujeres y risas. Escaleras que suben y bajan y te llevan al mundo sumergido de los sueños enterrados. Cielos intensos que se derriten como la cera y flotan en la superficie de las aceras. En SERNA nada parece real, es cierto, pero ellos hablan en su propia lengua, contando sus pequeñas vivencias de cada día, sonriendo y acariciando las aguas que tocan sus pies; aunque no conocen nada más. Parece que la vida se ha detenido para siempre, como un lugar increíble y mágico.
Alodia
Imagen: "Lilypad", proyecto de una ciudad flotante del arquitecto belga Vincent Callebaut





