“Y tu cuerpo se hizo dorado
y transitable, feliz
como un presagio que
nos enfurecía”.
Luis García Montero
LA RENDICIÓN
Cada día abro mis ojos
al silencio de la mañana.
Me inundo de sol.
Un sol deshojado de nervios
aplaca mi boca
aún aplastada contra tu cuerpo.
Y tú sigues en tu sueño…
buceando caracolas,
recogiendo las conchas
de la dormida playa.
Me invitas, en breve,
al azúcar de tus ojos
semicerrados,
ángulo de deseos.
Tu cuerpo me habla:
“como un presagio que
nos enfurecía”.
Te enredo en los cabellos
de Venus plateada
y como locos
nos adentramos en
la intensa furia del amor.
Desatados los dos,
llegamos a mediodía.
La luz se ha girado en naranja.
Entonces nos comemos
nuestros anhelos
con los rostros apagados.
Nos separamos…
El día se ha pintado de rosa.
La luz se apaga como cera
invisible de ojos negros.
Hasta el lunes siguiente, amor,
cuando venga otra embestida…
Cuando la luna se complazca
de risa eterna
y los navegantes vuelvan
con sus redes de mares.
No estaré en la oficina,
¡no me llames!
Dejaré mi corazón cerrado
hasta que lo abra tu llave.
Mis vestidos se quedarán
partidos de llanto
porque no encuentran
la luz de tus ojos.
Te esperaré de nuevo,
párvulo corazón amarillo
de mi largo vientre.
Micaela
Del libro inédito "No dejes de ser lluvia", publicado en la 1ª Antología de Vilapoética
Imagen: "Los amantes" de Magritte





