viernes 13 de noviembre de 2009

MI NOCHE ETERNA


Dibujos, esquemas,
mapas de mis ojos.
Te insinúas como
una sombra grotesca
delante de mis pies.
Te alzas impune
regalándome tus labios.

Sonrisas, besos,
nudos de hambre,
gozos infinitos,
me acechan,
me asaltan,
me roban
el cuerpo vacío.
Me abren el pecho
como balas benditas.

Doble asalto disfrazado
de lujuria y gloria.
Así me invade tu amor,
envenenando
cada milímetro
de mi cuerpo marginado.

Te siento,
te respiro,
te idolatro,
junto a mi cintura
cosida a tus caderas.
Mi cabeza bucea
en los océanos
de tu espalda
y recoge miles de peces,
estrellas silenciosas.

Te sueño,
te recuerdo,
te amo sin paciencia,
sin límites, sin carteles,
sin preguntas,
en mi noche eterna.


Alodia


Imagen: Gustav klimt "Der Kuss"

viernes 6 de noviembre de 2009

EL MÓVIL MUERTO


Espero tu llamada
en este lento agosto,
pero el móvil se aferra
al terrible suicidio.
Mis ojos se desvían
a cada instante
hacia el mudo aparato.

La garganta se me seca,
turbulenta ansiedad podrida.

Mi respiración,
el latido acelerado,
el temblor de unas manos...
Sólo la noche árida
y mi desnudo cuerpo
agitándose entre las sábanas.
Una noche que espera
tu maldita llamada.
Un cuerpo que arde
en deseos de pasión.
Tus caricias, tus besos...
El abrazo que no llega
y se aplasta contra
las persianas partidas.
Tu voz imaginada
en la larga distancia...
Nada más que
horas muertas
y el frío silencio
de la habitación rota.

Alodia



viernes 23 de octubre de 2009

MOMENTOS DE BELLEZA


Caricias de un sol
adormecido,
arañando segundos
a las nubes rotas.

Sombras del recuerdo.
Letanías.

Desde el césped rosa,
contemplo el aire sumiso
de la tarde olvidada.
Misterio.

Un pájaro se posa
insólito,
en las barandillas de mi alma.
Canta su alegato
con la fuerza del viento,
se sumerge en el mañana.

Mis ojos se asombran
en un concierto de luz.
¿Cúanta vida pequeña
derramada en un instante?
Parece imposible detener
la pureza,
como el silencio llenarse
de palabras.
Pero el mundo es a veces
un grito de hermosura.
Alodia
Imagen: Cross, Henri Edmond, "L´Air du Soir"

viernes 16 de octubre de 2009

OTOÑO


El siguiente poema es fruto de la colaboración con mi amigo Emilio, a quien podéis visitar en su blog: http://www.testamentario.blogspot.com, que seguro que muchos ya conocéis. Un abrazo Emilio y para todos vosotros. ¡Que disfrutéis de esta bella estación!


Cuando los vientos sean azules por decreto
y levante el telón de las horas la nostalgia,
sólo entonces,
hará su testamento
el otoño.

Cuando el mar se niegue a bañarnos
con sus olas
y se acorten los senderos de la tarde,
sólo entonces,
nos calará hasta los huesos
el otoño.

Cuando el cielo se ponga cuesta arriba
y el purgatorio sea tan sólo una quimera,
sólo entonces,
nos traerá una lluvia de colores
el otoño.

Y si calienta el sol, pero tenemos frío,
y los sueños olvidan sus propios horizontes,
entonces y sólo entonces,
habrá llegado a nuestras vidas
el otoño.

Escrito por Emilio


Y una vez llegue con su fuerza
y su piel naranja,
a todos nos arrastrará,
con sus dedos de hálito
impenitente.

Silenciará nuestros sueños,
cosidos con trenzas
de castaño, vulnerables,
tan vulnerables como el viento
que todo lo lleva.

Me arrebatará el calor de los besos.
El rojo encendido de
los recuerdos que duelen
como marionetas.

Y tu vendrás a rescatarme,
bajo el peso de la luna verde,
que relumbra mil veces
en la delgada noche.
Vendrás, sí, en una pausa
casi desmayada.

Escrito por Alodia

http://www.goear.com/listen/acb3241/Autumn-vivaldi

viernes 9 de octubre de 2009

A MI ABUELO JUAN


Hace tan sólo unos meses, escribí un poema para mi abuela Micaela, a quién nunca tuve el placer de conocer, pero de la que todos me hablaron como de un ser extraordinario. Hoy quiero rendir homenaje a mi abuelo, que solía comprarme cuentos de hadas y escribió unos cuantos versos, cuando estuvo en la cárcel, después de la guerra. Supongo que de él, he heredado ese amor a las letras.

Invisible alma
que arrastra senderos.
Sé que estás conmigo,
cada día, invariable.

La sangre mordió tu piel
bebiéndose las penas.
Una guerra estúpida,
como todas las guerras.

¿Puedo entrar en tu cabeza?
Oigo tus palabras cortas,
simples, duras sílabas
y ataduras en las manos.
En cada esquina,
una torre de miseria.
En cada casa,
llaves cerradas de luto.

Y tú, en la noche,
como San Juan de la Cruz,
llorando tus enojos.
Allí tu pluma escondida
arrojaba poemas de fiebre:
“Un duro al año” o
“La carta de la madre”.

Sólo por vicio o tortura,
recuerdo o testimonio cruel,
hoy leo tus frágiles versos.
Demonios del pasado.

Alodia
Imagen: Paqui Sánchez, "Mr. Bojangles" o "Le Chevalier"








lunes 5 de octubre de 2009

LOS HUESOS PREGUNTAN, DE MONICA LOPEZ


Con esta entrada, quiero rendir homenaje a una amiga y poeta muy especial que compartió con la Asociación Anceo unas horas mágicas, el pasado sábado día 3 de octubre, en la ciudad de Viladecans.

El poema viene acompañado del cuadro de Nuria Parra, una excelente pintora y amiga nuestra.

LOS HUESOS PREGUNTAN

Arrastras, en el roce fugaz, las vocales rotas
de esta mano,
las yemas verdes de los dedos
rompiendo la caricia de amantes.
que olvidan la vida en un reloj.

Hay veces que me ahogo, si no estás,
te busco desesperadamente
en el vacío de lo blanco
en lo negro del abismo
en el agujero del rojo atardecer...
Y no estás.

Pero, a veces, hay tantas veces...
te dibujo el torso, el pecho,
la espalda desnuda de mujer
hasta que los huesos
preguntan por el pecado, la manzana
y nuestros juramentos de hombres
colmados en la magia
de las aguas navegadas en pleamar.
Hay veces, tantas veces,
que me hundo en ti
hasta desaparecer
para no escribir del tiempo,
para ser, del futuro,
futuro sin sombra
entre tus brazos, mi amor,
en tu alborozo.
Mónica López Bordón
Imagen: Nuria Parra Cátedra, "Olas"

miércoles 23 de septiembre de 2009

MONTSERRAT




Me encanta la lluvia de septiembre recién imbuida de nostalgia. Las primeras gotas del recuerdo, vuelan a través de cielos violetas, que se desnudan ante la mirada de los caminantes.

El otro día estuve en Montserrat. Me empapé del bosque. De sus colores salvajes, llenos de vida, su silencio roto por campanas milenarias. Mis pasos cruzaban senderos casi vírgenes, y tropezaban con viejas piedras que apenas tenían rostro pero sí conservaban el alma de sus duendes. En lo más profundo del verde vientre, una cruz se erguía firme, arraigada en la tierra. Seguro que allí enterrado estaba el cuerpo de un valiente que quiso acabar su vida en un recóndito lugar rodeado de una extraordinaria belleza.

Unos días después escribí este poema.

Las montañas me saludan
con el abrazo de las abuelas
prieto y firme, a la vez.
Misterioso y oscuro.

Resuenan las campanas,
tenues gozos violetas
derramados
en un vasto cielo.

Y huele a lluvia…

Unos segundos después
el cielo chorrea lágrimas
de “la Moreneta”.

Se ha vaciado el viento
tiñéndose de seda verde.

El romero y eucalipto
se desplazan en silencio
palpitando en la noche.

La brisa de septiembre
descalza los hombros
de los peregrinos.

El alma se arrincona
en su armario y sale
confundida
entre ráfagas de incienso.

Y el silencio se abre
como nube de inocencia.

Alodia